Semana Laudato Si’

por | May 15, 2020 | Espiritualidad Franciscana

Del 14 al 24 de mayo celebramos la Semana de la Laudato Si’. El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano nos invita a participar en esta semana que “inaugura un camino de transformación de un año de duración, a medida que atravesamos la crisis del momento actual, rezando, reflexionando y preparándonos juntos para un mundo mejor en el futuro”.

Hoy más que nunca, paralizados por el coronavirus, envueltos en la incertidumbre sobre cómo va a ser nuestra vida de ahora en adelante, obligados a mirarnos en el espejo de nuestra existencia frágil, vulnerable, dependiente, limitada… podemos encontrar en la Encíclica Laudato Si’ las claves para construir un mundo más justo y sostenible.

Desde Ediciones Franciscanas Arantzazu queremos colaborar, de alguna manera, con esta iniciativa. Lo hacemos compartiendo algunas reflexiones entresacadas del libro Raíces de la Laudato Sí’ (Martín Carbajo Núñez, Ofm), que publicamos en el 2016:

La encíclica Laudato Si’ propone a Francisco de Asís como “el ejemplo por excelencia” de una ecología integral, vivida en “maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo” (LS 10). En Francisco –dice el Papa– “se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10).

Conviene recordar que Francisco de Asís es, ante todo, una persona de fe: no es sólo un ambientalista o un pacifista, en el sentido que hoy damos a esos términos, no es un activista social sino sobre todo un hombre convertido. 

Desde que el Sumo Bien se le hizo el encontradizo, Francisco todo lo ve desde Dios y, en Él, abraza a todos los seres como hermanos. Por eso, más que una ética ecológica, que habla de obligaciones y deberes, Francisco muestra una mística, una espiritualidad ecológica, un modo holístico de sentirse en comunión vital con todas las criaturas. Su conversión le abrió a una nueva vida, marcada por la gratuidad divina. El centro ya no es su propio “yo”, sino el Altísimo. Sin esa transformación interior e integral no habría sido posible su “sana relación con lo creado” (LS 218) ni el profundo humanismo que le caracteriza.

Francisco de Asís es:

  • Un modelo universal y un modelo propuesto por la Iglesia: “Francisco de Asís es el hombre que ama y custodia la creación, que enseña un profundo respeto por nuestro medio ambiente y nos invita a cuidarlo” (Papa Francisco).
  • Inspirador de una ecología de parentesco: la creación es para él un hogar y, por tanto, no hace falta que le pidan que la cuide: es ya algo suyo, de lo que se siente profundamente responsable. 
  • Libertad amorosa y responsable:  Su fe en Dios Padre le da la perfecta alegría, le libera de cualquier temor y le lleva a abrazar la pobreza más radical. Se siente así libre y gozosamente hermanado a todas las criaturas y a todos los hombres. No intenta dominar, sino vivir en fraternidad y construir la paz, a través del cuidado y la conservación de lo que Dios le ha confiado.  Liberado del afán del poder, del valer y del poseer, Francisco se convierte en modelo de libertad amorosa y responsable, vivida desde la fe.
  • Un hombre convertido: Francisco ve su conversión como el inicio de un nuevo modo de relacionarse con todo lo que le rodea. Se abre a la hospitalidad más absoluta y al encuentro fraterno con todos los hombres y con todas las criaturas.
  • Pobre para ser libre y hermano: su pobreza no es renuncia frustrante, sino camino de libertad, pues le permite establecer relaciones auténticas consigo mismo, con los otros, con la naturaleza y con Dios.  La desapropiación interior le evita el esclavizar y el ser esclavo. Comprende que, sin esa libertad interior, la vista se nubla y la belleza languidece.
  • Obediente y menor para dominar la ambición del poder: La ambición del poder, a la que responde la ética política, Francisco consigue dominarla con la obediencia y la minoridad. No intenta prevalecer, sino escuchar al que tiene delante, estar “entre” y ser el menor de todos.
  • Humilde, abierto a la alteridad: En lugar de caer en el narcisismo, que pone todo al servicio de las propias sensaciones y experiencias, Francisco se abre a la alteridad, y desde ahí encauza el deseo del valer, de ser tenido en cuenta y apreciado; ama afectuosamente todo lo que le rodea y a nadie intenta dominar, ni lucha por sobresalir, “porque cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es y no más” (Adm 19,2). El Otro, los otros y lo otro ocupan su centro vital que antes reservaba a su propio yo. A nadie ve como adversario sino como compañero de camino.

(Martín Carbajo Núñez, Raíces de la Laudato Sí’)

 

No hay duda que Francisco de Asís es un buen espejo donde poder mirarnos los creyentes. El mundo, la sociedad, la creación entera nos necesita, pero no de cualquier manera. Necesita muchos “nuevos Franciscos”: sencillos, menores, humildes, hermanos de todos y de todo. Necesitamos convertirnos cada día, porque cada día caemos en la tentación de dejarnos envolver por los lodos de esta sociedad  tantas veces impersonal,  autosuficiente, egoísta, autocomplaciente, agresiva, sedienta de poder y de tener; cada día somos, no solamente víctimas, sino también cómplices y artífices de esas realidades destructivas.

Todo está conectado y no hay mejor manera de empezar a construir que empezando por cada uno. Por eso pedimos a Dios:

“Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores”

(Laudato Si’, 246)

 

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